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Bolt Motor Company nos muestra cómo transformar un modelo urbano y económico como la Honda CB250, en una café racer capaz de atraer todas las miradas.


Hay ocasiones en las que la grandeza de una preparación reside en la profunda transformación y cambio de aires realizado sobre un modelo en concreto. Si a esto le añadimos unos buenos acabados, el éxito está asegurado. Esto es lo que le sucede a la Bolt #6 Honda CB250.

Bolt Motor Company es un taller de transformación y restauración, ubicado en Alzira (Valencia,) con un origen racing que muy poco tiene que ver con su actual actividad. Propiedad de Adrián Campos Jr. (ex piloto de F3 e hijo de Adrián Campos, el expiloto de F1) nace tras embarcarse Adrián en el proyecto #Bolt 1 sobre una Sanglas 400Y.

“Desde muy pequeño me han gustado muchísimo las motos” nos comenta “y desde hace bastante tiempo me llamaba mucho la atención este tipo de transformaciones sobre motos clásicas. Pensé en aprovechar todos los medios que tengo disponibles, en la base de Campos Racing, para hacerme una moto para mí. Tengo conocimientos de mecánica, pero no me fiaba de mí mismo y no quería conducir una moto hecha 100% por mí. Entonces conocí a Giancarlo, un gran mecánico de motos que ha trabajado en la alta competición toda su vida, y fue él quien me ayudó a terminarla”.

Tras esto, empezaron a recibir encargos y a entrar en la rueda en el que se encuentran inmersos. Con 9 motos terminadas y otros 6 proyectos entre manos. Todos tienen su propio estilo pero, de entre todos, nos hemos quedado con la Honda CB250 ya que, como decíamos al principio, han cambiado radicalmente el enfoque de esta moto.

El proyecto parte de una anodina Honda CB250 de 1992, que andaba medio abandonada en el almacén de una fábrica, a la que su dueño decidió dar una segunda oportunidad. Como suele ocurrir en estos casos, la primera de las acciones consistió en despojarla de todo lo innecesario. Tras pintar el chasis, procedieron a recortar el subchasis y a añadir los soportes del colín, que sustituye al asiento de dos plazas del modelo base. El basculante permanece de serie y se sustituye la pareja de amortiguadores originales por dos unidades Hagon.

En la parte delantera desecharon el sistema de suspensión original, reemplazándolo por una horquilla de una Kawasaki Vulcan 500, abrazada por una tija del mismo origen, y con una pareja de semi manillares anclados a la misma. Para el equipo de frenos, mantienen el tambor original en la parte trasera, mientras que delante montan un disco de mayor diámetro procedente de la custom de Kawa. Las llantas Excel, delante (Suzuki GN250) y detrás (Yamaha SR250), montan neumáticos de 5” y corte retro firmados por Avon.

El motor se revisa por completo, cambiando juntas y manguitos, y se pule totalmente. El filtro de aire es sustituido por uno tronco cónico de flujo libre (Emgo), y los escapes de serie se reemplazan por dos unidades artesanales más cortos, que le otorgan un sonido ronco en la línea del nuevo estilo de la moto.

Finalizando la preparación un colín artesanal con un minúsculo faro trasero, formado por una fila de micro leds, y un depósito heredado de una Norton Commando, le concede un pedigrí cafe racer a esta CB250, que ni en sus mejores sueños hubiera imaginado tener.

Tras dos meses de trabajo Adrián y el equipo de Bolt Motor Company consiguieron sorprender al propietario de la CB250, que pasó de tener una moto “guardando polvo” a tener una atractiva cafe racer.

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