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Como viene siendo habitual con el nuevo año, el mes de enero arranca con uno de los rallies más importantes, el Dakar, y nosotros, movidos por nuestro espíritu nostálgico, nos hemos trasladado a los inicios de esta apasionante aventura.

Faltan pocas horas para la salida del sol. En el parc fermé ubicado en la plaza del Trocadero de París se han juntado 182 vehículos entre motos, coches y camiones. Todos preparados para participar en una competición inédita que les llevará de París a Dakar atravesando el desierto del Sahara. Se nota en los competidores esa mezcla de nerviosismo e ilusión propia de quien se va a enfrentar a una auténtica aventura. Por delante les esperan 10.000 kilómetros, atravesar 5 países africanos y un desierto, hasta llegar a la meta en el Lago Rosa. Huelga decir que esta noche se han dormido pocas horas. Las visitas de amigos y los últimos preparativos han dejado poco tiempo para el relax. Unos días más tarde, uno de esos competidores estará atrapado en una duna del sur de Argelia y se preguntara: “¿ A quién se le habrá ocurrido esta locura?

Dos años antes, Thierry Sabine participaba en un rally (Abidjan-Niza) a lomos de una moto cuando se perdió durante varios días en el desierto de Libia. Tras ser rescatado y regresar a su casa, se propuso llevar a la inmensidad del desierto al mayor número de gente posible, para que pudiesen ver lo que el había descubierto de manera fortuita. Así, en tan solo un par de años pudo organizar ese primer París-Dakar, que iba a arrancar el 26 de Diciembre de 1978 y, que se convertiría en uno de los eventos del motor más importantes del calendario hasta hoy en día. El lema de su creador: ” Un reto para los que se van, un sueño para los que se quedan”.

Esa primera edición fue todo un éxito. La gente empezó a hablar de esta carrera como una de las más duras que se habían inventado, debido a las condiciones del terreno, el calor, las dificultades para la navegación y la dureza mecánica (solo acabaron 74 vehículos de los 182 que tomaron la salida). Así mismo, otra de las características de esta prueba era el compañerismo y buen ambiente creado entre todos participantes. Todo esto enganchó a muchos de ellos, que repetirían en varias ediciones. Como los hermanos Marreau, a bordo de su Renault 4 Sinpar, que mas tarde serían apodados como Los Zorros del Desierto. Otro caso es el de Hubert Auriol, que participó tanto en moto como en coche, llegando a ganar varias ediciones y que dirigiría la carrera desde 1994 hasta 2003.

Pero el mayor logro fue que a partir de este punto, el Paris-Dakar no dejó de crecer. En la segunda edición la inscripción de participantes fue mucho mayor y empezaron a llegar equipos oficiales y mas sponsors. Corrieron 43 motos Yamaha a las que la marca asistió con un avión y un helicóptero. Y empezaron a unirse a la carrera deportistas de otras disciplinas como Henri Pescarolo, ganador de las 24 horas de Le Mans. Entramos en los años ’80 y se empieza a notar la bonanza económica también en el Dakar. Cada vez más inscritos, y durante las ediciones del ’81 y ’82 algunas extravagancias., como el Rolls-Royce de Thierry de Montcorgé adaptado para el desierto y patrocinado por Christian Dior, o el Citroën CX de Jacky Ickx. También durante estos años aparecen algunos famosos para participar en esa carrera de la que habla todo el mundo. Pese a estas pinceladas de frivolidad, la carrera sigue siendo cada año mas dura, con distintos recorridos en cada edición, y en los puestos de cabeza los equipos se van profesionalizando cada vez mas.

Tras las cuatro primeras ediciones la carrera se establece como imprescindible en el calendario y cada vez resulta más competitiva. Las marcas de coches y motos empiezan a tener a sus equipos oficiales copando los primeros puestos de la clasificación. Durante el resto del año los equipos con más recursos van a entrenar al desierto, de manera que llega el punto en que Sabine tiene que ocultar parte del recorrido para no dar ventaja a los más pudientes. Empiezan a llegar los primeros Mitsubishi Pajero que lograran algunas victorias y en el ’85 aparece Porsche con sus 959 que lograrían la victoria el año siguiente. Ese mismo año quedara en segundo puesto de la clasificación de camiones Jan De Rooy, que en años posteriores quedara campeón y se convertirá en un gurú para todos aquellos que quieran afrontar el reto del Dakar a bordo de un camión. Es también durante estos años, cuando el Dakar empieza mostrar su lado solidario llevando ayuda para distintos pueblos de su recorrido en forma de pozos para sacar agua, materiales de construcción e incluso vehículos que después de la carrera se quedarían en África.

Y llegamos a la tristemente famosa edición de 1986. A las siete de la tarde del 14 de Enero, mientras se celebraba la decimotercera etapa, Thierry Sabine encuentra la muerte junto a otros cuatro tripulantes del helicóptero en el que estaban siguiendo a un participante, envueltos en una tormenta de arena. La familia del Dakar se queda consternada. Han perdido al padre de esta gran familia formada por la organización, pilotos, asistencias, etc. Tras la tragedia se decide que esa edición tiene que continuar, y tras adaptar algunas etapas se llega al Lago Rosa por octava vez.

A partir de aquí, bajo varios equipos directivos, en los siguientes años el París-Dakar no dejara de crecer. Llegaran los años noventa, en los que el seguimiento de la prensa hacen que cada vez haya más afición. Llegaran las estrellas del mundial de rallies, como Vatanen y Kankkunen, el imparable Peterhansel ganador en varias ocasiones a lomos de su moto, y Schlesser que tras correr el Dakar desde principios de los ’80 logrará su primer triunfo en 1999 a bordo de uno de sus famosos buggies.

Cambiamos de milenio y la carrera toma cada vez más protagonismo en España y Portugal, con algunas salidas y etapas que pasan por estos países y que serán un éxito de público y organización. Cuando, después de 30 años de historia, faltan pocos días para el inicio de la edición de 2008, se produce la lamentable situación de tener que cancelar la carrera ante las amenazas terroristas desde algunos países africanos hacia ciudadanos franceses. El Dakar, ya imparable, nunca volverá a terminar en Dakar. A partir de 2009 la carrera se traslada a Sudamérica donde poco a poco irá adquiriendo el espíritu aventurero original, e incluso aumentando el grado de dureza de la prueba. Un evento que sigue aumentando de participantes año a año, y que a los nostálgicos nos sigue haciendo albergar la esperanza de que en un futuro, no muy lejano, pueda volver al continente africano.

No nos gustaría terminar este repaso por el mayor rally-raid del mundo, sin mencionar el poso que ha dejado en la industria del motor. Poco a poco como usuarios, hemos ido aceptando en nuestro día a día motos de trail, desde la pionera BMW GS, pasando por las Yamaha Tènèrè, y por la saga Adventure de KTM. También en el mundo de las cuatro ruedas, hace 40 años solo existían Range Rover, Land Rover, Toyota o Jeep para afrontar rutas off-road. Ahora prácticamente todas las marcas tienen algún modelo 4×4, hasta el punto que marcas de coches deportivos como Porsche o Jaguar han incluido este tipo de coches en su gama.

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