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Si hay un preparador a nivel mundial capaz de actualizar motos de los años ’70 y ’80 al nivel de modelos actuales, y de satisfacer a los más puristas, ese es AC Sanctuary.

Propiedad de Hiroyuki Nakamura  AC Sanctuary, situada en la prefectura de Edogawa (al oeste de Tokio), nació antes de que el boom de los preparadores asolara el panorama motociclista allá por 1995 y, desde hace años lleva haciéndome soñar con el hecho de contar con una de sus máquinas en mi garaje.

Movidos por la obsesión de su propietario en superbikes de fabricación japonesa de la decáda de los ’70 y ’80, están especializados en la restauración y preparación de Kawasaki Z1 900 o Z1R 1000; pero en su producción también podemos encontrar ejemplares de GPZ 900, ZRX 1200, Suzuki Katana y Honda CBF entre otras.

“Nuestro objetivo con los modelos RCM es aumentar el potencial deportivo de estas motos, conservando su aspecto original”

Durante los primeros años se dedicaron exclusivamente a la restauración de estos modelos, muchos de ellos traídos desde Europa o Estados Unidos ya que, pese a ser motos fabricadas en Japón, gran parte de la producción se exportó a estos países (de ahí la pasión que existe allí por este tipo de motos).  Poco a poco fueron aumentando los niveles de preparación en estas motos y, a partir del año 2000, comenzaron a producir bajo pedido los modelos que ellos denominan RCM (Real Complete Machine).

“Nuestro objetivo con los modelos RCM” declara Nakamura “es aumentar el potencial deportivo de estas motos, conservando su aspecto original.  Al ser modelos de hace 30 y 40 años su rendimiento no es comparable al de motos actuales, pero una vez hemos completado el proceso, mejora considerablemente”.

El trabajo de preparación comienza del mismo modo que si se tratase de una restauración, desmontando la moto por completo. Lo primero es reacondicionar y reforzar el chasis, para que soporte la que se le viene encima. Eso sí, siempre respetando sus cotas originales.  Según explica Nakamura, “el trabajo que realizamos sobre el chasis depende de la potencia del motor, el uso que se le vaya a dar a la moto… Estos factores nos vienen dados por nuestros clientes, ya que cada caso es diferente”. El bastidor recibe las modificaciones oportunas para adoptar un nuevo basculante de aluminio, más rígido, firmado por Sculpture, que alojará un neumático de 17″ más ancho que el de origen.

“Recibimos cada día más solicitudes para vender nuestros productos fuera de Japón”

La mejora en las suspensiones suelen confiársela a Öhlins, normalmente utilizando horquillas convencionales de 43mm para conservar la estética original del modelo, aunque es algo que depende de cada cliente. Detrás una o dos unidades, según modelo, de amortiguadores de la firma sueca, o en algunos casos Nitron, a gusto del consumidor, conforman la mejora en el tren trasero. Equipamiento Brembo para los frenos, con pinzas de anclaje radial o convencional, a petición del cliente, y discos anclados a llantas de aluminio de 17″ firmadas por OZ, de las que el taller es importador oficial.

Una vez llegados a este punto, llega el turno del motor. No en todas la preparaciones se exprimen las prestaciones del motor al máximo, cada encargo es diferente. Lo que siempre es común a todos los casos es el completo desmontaje y reacondicionamiento de los propulsores. Quien más y quien menos no se libra de unos pistones de alta compresión, Yoshimura o Wiseco, unas válvulas de mayor diámetro, un equilibrado del cigüeñal o una batería de carburadores Mikuni o Keihin, entre otras mejoras. Además, se añaden radiadores de aceite para mejorar la refrigeración de estos cuatro cilindros “de aire”. Escapes artesanales de titanio, o firmados por Nitro Racing, finalizan estás preparaciones que por lo general ofrecen una media de 20 CV más frente a lo que rendía el modelo original. A este aumento de potencia hay que sumarle la sustancial reducción de peso que en el proceso sufren estas máquinas. Pero como ya hemos dicho, son motos a la carta, y  si el cliente pide más “mambo”…el equipo de Nakamura se lo da. De hecho, entre su extenso catálogo podemos encontrar algunos modelos equipados con turbocompresor, como es el caso de la RCM-200 Z1-R Turbo.

En el terreno estético se respeta el esquema de pintura original, con una combinación de colores algo más variopinta y los motores reciben un sobrio acabado en negro. En ningún caso veremos decoraciones estridentes ya que intentan, en la medida de lo posible, hacer pasar a estas bestias desapercibidas, tarea a mi parecer harto difícil.

El éxito de las preparaciones de AC Sanctuary les ha permitido expandirse desde su modesto taller de Edogawa (Tokio), hasta otras cuatro delegaciones, todas ellas en Japón. “Recibimos cada día más solicitudes para vender nuestros productos fuera de Japón”, comenta Nakamura “y aunque hemos conseguido exportar un pequeño número de RCMs, tenemos muchas dificultades debido a un sinfín de restricciones legales. Por eso desde hace un tiempo, estamos pensando en establecer un sistema de exportación al extranjero desde los Estados Unidos, por lo que nos gustaría encontrar un socio comercial en este país”.

Para todos aquellos que, como yo, pese a este pequeño contratiempo sigáis interesados en haceros con una de estas maravillas, simplemente me gustaría advertíos que os tendréis que rascar bastante el bolsillo.  Dependiendo de los componentes y de la preparación, los precios oscilan entre los 20.000 y los, aproximadamente, 35.000 € de media, aunque en algunos casos puede llegar a triplicarse. Una cifra sin duda bastante alta, que os permitirá disfrutar de una de estas maravillas al alcance de muy pocos.

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